31 Julio, 2010

Hasta pronto

Este blog está cerrado. Algo evidente desde hace algún tiempo.

Cuando llegue el momento lo continuaré, mientras tanto quedará aquí para quien desee visitarlo alguna vez. Quiero dar mi más sincero agradecimiento a  todos los que alguna vez le dedicaron a este sitio algunos minutos de su tiempo.

Gracias por todo.

Un saludo cordial y hasta pronto.

Edanna Dhae a las 4:27 pm

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6 Marzo, 2010

Carta de Don Gregorio.

Carta de D. Gregorio. (La lengua de las mariposas).

Querido amigo:

Tuviste suerte al marcharte a Buenos Aires. A mí, ya me llevan a matar. Muy magullado, pero más por las palabras que por las pedradas. Especialmente por las de todos aquellos que más quise.

Las palabras son como los gusanos de seda, envueltos en capullos que florecen cuando llega la primavera del terror y los dramas, explotando al fin con todo el colorido que muestra las cosas verdaderas, impulsadas por esa lengua enrollada como la cuerda de un reloj. La fuerza del miedo, o de la cobardía, es el motor de todo esto que nos sucede. Esta verdad hace que me sienta morir ya en amargura.

Sólo puedo decirte lo que siempre te he dicho y he dicho a su vez a todos; que seas libre, que pienses por ti mismo. Porque cuando te lo han quitado todo siempre quedará lo único que no pueden llevarse, tu dignidad.

Así pues, guarda bien la tuya, la que posees, y ayuda a los demás a ganarse la suya, pues dentro de toda esta locura de iniquidad que no cesa, aún sabemos que sólo la dignidad que otorga el saber permitirá al hombre evitar, en algún futuro no muy lejano, que termine por convertirse en un monstruo definitivamente.

Cuida de ti y de los tuyos.

Tuyo siempre

D. Gregorio

Edanna Dhae a las 11:17 pm

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16 Febrero, 2010

El guardián del violonchelo

Fue él quien se dirigió a mí con su voz conformada por las notas elegantes de un violonchelo, mientras me encontraba contemplando las aguas del Moldava, desde el lado Oeste del puente de San Carlos. Allí frente a frente, en su traje con chaqueta de azul perfecto, ese que con elegancia se encamina hacia el negro, me dirigió una sonrisa cortés, estrechándome la mano.

Fue entonces cuando fui consciente de que en realidad, todo aquel puente había sido construido sólo para él, y quizás también para aquel preciso instante. Pues a la sombra de una de las hermosas estatuas que algo melancólicas contemplan hacia el sur, todo lo que queda de un vasto imperio; vi reflejados sobre sus ojos claros los canales de esa otra pequeña Venecia, la que existe mucho más allá del Adriático, tierra adentro.

Por medio de aquel reflejo, su mirada lo abarcaba todo, conteniéndolo; lengua, cultura, pasado, presente y puede que hasta su futuro. De pié junto a mí, entre todo aquel bullicio, junto a aquellas estatuas me resultó tan distinguido, que asistí a cómo con su sola presencia se transformaba en el guardián por derecho de toda la ciudad que desde aquel momento, le pertenecía.

Edanna Dhae a las 11:08 pm

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26 Noviembre, 2009

El país de los deseos

Aquel cine suponía la zona franca. Allí donde la verdad de las cosas no importaba y los anhelos se convertían en sucesos. Al menos, durante un par de horas.

Ella y yo solíamos ir al cine. Siendo amigos solamente, jamás compartimos nada más allá de lo que la amistad concede. No fuimos pareja, no mantuvimos ninguna relación y nunca le robé un beso, pese a que era el mayor de mis deseos pues yo estaba locamente enamorado de ella. Bueno, en realidad le robé uno al final, de forma algo vergonzosa y de la cual siempre me arrepentiría años después.

Conmigo ella lo tuvo siempre claro. No quería nada conmigo; ni besos, ni compromisos, ni correspondencias.

Sin embargo, aquella sala ejercía un hechizo. Cuando la proyección comenzaba –daba exactamente lo mismo lo que fuera que echaran- ella apoyaba su cabeza sobre mi hombro. Yo entonces la tomaba de la mano y no dejaba de acariciársela suavemente. Nunca hubo nada más allá, nunca hablamos de ello. Simplemente sucedía. Si me concediesen ahora el poder de cambiar algo de aquello, no lo haría.

La sala me otorgaba el éxtasis, la justa recompensa por todos mis desvelos. Todos mis suspiros encontraban el cauce adecuado hacia allí donde dormitan las ilusiones, esperando entrar en acción. Por unos breves instantes, entre una cruel existencia de amor no correspondido, todos los mares quedaban en calma, y todas las aguas se apaciguaban. El viento y sus tormentas despertaban allí entonces para transportarme al país de todas las cosas jamás soñadas. Donde nace y muere el sol.

Realmente la película que allí se proyectara era lo de menos. Lo realmente valioso era el mágico influjo de aquel territorio sembrado de butacas. ¿Qué efecto ejercía sobre nosotros, o sobre ella, para que bajara sus defensas y me concediese el premio de tomarla de la mano? Lo desconozco. Pero por ello, siempre le estaré agradecido.

Ahora, años después he aprendido a inventarme salas de cine en mis sueños, donde refugiarme cuando caen las bombas de los malos momentos. Sentir así la paz y el aroma de sus cabellos sobre mi hombro. Y envolverme en el remanso de esa paz tan valiosa, pero tan huidiza para todos nosotros. Pudiéndola encontrar sin embargo en una modesta sala de cine, que se convertía, en el país de los deseos.

Edanna Dhae a las 11:36 pm

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